Una Visión Transformada: Mi Práctica Jurídica Al Servicio de Las Pequeñas Y Medianas Empresas

Una de las más grandes aventuras, que también supuso un gran reto fue la decisión de
estudiar en Estados Unidos. A pesar de que logré conseguir ayuda financiera, había
gastos que debíamos cubrir como la transportación. Aún me maravillo de cómo lo
logramos, pero lo hice gracias al apoyo que recibí y a aquellos trabajos de verano.

A menudo recuerdo con una mezcla de nostalgia y alegría la temporada de Acción de
Gracias cuando viajar no era posible. Con el campus prácticamente vacío, me quedaba
en mi habitación del dormitorio universitario. De Puerto Rico recibía un paquete con
arroz con gandules y pavo asado. Con cada bocado conectaba con la Isla. Estiraba
esas comidas durante toda la semana hasta que reabrían los comedores universitarios.
Un año, una amiga cercana se encontró en circunstancias similares, y juntas
compartimos la cena modesta de Acción de Gracias en aquella pequeña habitación que
fue mi hogar. Aquel pequeño espacio se convirtió en un lugar de lecciones perdurables
y gratitud silenciosa.

Tras graduarme de la facultad de derecho y comenzar a trabajar, contraje matrimonio
con James Rodríguez. A pesar de que nuestra crianza no fue similar, compartimos la
misma visión de vida. Nunca hemos perseguido visiones de gran riqueza. Mi aspiración
siempre ha sido mucho más práctica. Hoy, mi objetivo central es asegurar que mi hijo
pueda completar sus estudios sin los obstáculos que yo enfrenté en su momento.

Hace unos años, mientras viajaba con mi esposo, pasamos junto a un grupo de
trabajadores sentados en el suelo durante su hora de almuerzo. Estaban disfrutando lo
que parecía una comida sumamente apetecible, consumida directamente de una bolsa
de plástico con las manos. Aquella escena sencilla y humilde transformó por completo
mi visión de la vida.

Por muchos años, mi práctica profesional se centró en instituciones bancarias locales,
inversionistas de alto patrimonio, grandes contratistas y desarrolladores a gran escala.
Sin embargo, llegó un momento en que sentí el impulso de cambiar de lado: de
ponerme del lado de las pequeñas y medianas empresas que reflejaban la
determinación silenciosa que había observado en aquellos trabajadores. Al igual que
ellos, estos empresarios buscan la oportunidad de construir un futuro estable para sus
familias y avanzar con dignidad.

Este cambio transformó por completo mi práctica. Redirigí mi enfoque hacia los
pequeños y medianos comerciantes que constituyen la columna vertebral de nuestras
comunidades. No hay mayor satisfacción que ayudar a estas empresas a resistir las
presiones de los grandes jugadores y sus tácticas a menudo agresivas. Ahora aporto el

conocimiento invaluable de las estrategias aprendidas, lo que me permite proteger y
empoderar a las empresas más pequeñas de manera más efectiva.

Los puertorriqueños, al igual que muchos en todo el mundo, hemos enfrentado
desafíos profundos. Algunas familias heredan redes establecidas, puertas abiertas e
incluso un camino al éxito trazado desde el día en que nacen. Otros, como la mía,
debemos labrar nuestro propio camino a través del esfuerzo persistente. Lejos de
resentir esta realidad, la abrazo como una fuente de profunda satisfacción.

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